perenganitadeleon

lunes, agosto 28, 2006

La bulimia nocturna o porque no me reúno con mis amigos

Desaparecida por aquí debido a nuevos proyectos, hoy comparto nuevamente unas pocas de mis desafortunadas líneas.

El sábado por la tarde me hallaba en el sacrosanto infierno (así se refieren cariñosamente mis amigos al lugar en el que sobrevivo) sin planes de salir, así que decidí tomar una pequeña siesta. Eran ya casi las siete cuando mi pareja me despertó y me dijo que El Oso, había llegado así que por favor me vistiera (tengo la sana costumbre de sestear en calzoncillos).
Un poco encabronada, me levanté, saludé al invitado no solicitado y como es fundamentalmente amigo de Fer, decidí dejarlos charlar a gusto; me instalé en el cuarto con un vaso de vodka, un cesto de palomitas y la sexta temporada de Sex & The city.
Agotado el primer vaso de vodka me dirigí a mi mini cocina por un segundo trago; hallábase El Oso sentado en la mesa, así que supongo que se sintió comprometido a hacerme la plática y al poco rato ya estábamos charlando tan amenamente que se vieron obligados a ofrecerme una silla.
Recuerdo que El Oso se quejaba amargamente de que tenía ganas de vernos y echar una chela con los cuates, a lo que nosotros respondíamos ¿por qué ya no lo hacemos tan seguido?; también recuerdo que dieron las 10 de la noche y El Oso nunca fue a recoger a su esposa, por lo que ésta llegó al infierno.
Para las tres de la mañana llevábamos varias cervezas, el vodka estaba casi agotado y abrimos la ¿quinta? si, quinta cajetilla de cigarros... Los invitados no daban muestra de marcharse, y sobre todo la Esposa, que apenas había agarrado carrera, se empeñaba en platicar más; echando un vistazo a todos, decidí que debía regresar a ser la más cuerda. Como no tenía ninguna nada que me levantara, comprendí había de sacar de mi cuerpo el exceso de alcohol y sólo había una temible forma: bulimia nocturna.
Aliviada de tanto alcohol, poco a poco empezó a desaparecer la beodez. El resto de la velada lo recuerdo a duras penas; vagamente me acuerdo de una Claudia medio borracha, robándome los chorritos de cerveza, mientras me contaba al respecto de lo difícil que es criar el hijo de otra persona; y de un Oso charlando por teléfono (también es una costumbre entre amigos hablar por teléfono durante las madrugadas) y del estéreo a todo volumen tocando aquella canción que dice... ¿cómo carajos decía? Si yo me la sé...
El domingo a las 12: 30, despertando con una resaca catastrófica (creo que se me va a caer la cabeza; no, primero me muero de sed) recordé porque ya no me reúno con todos mis amigos. Chicos, no es que no quiera verlos, es sólo que cada vez que los reúno terminamos haciendo un desmadre (miren a Claudita, que iba por su marido y terminó bastante borracha).
Amigos, reconozcan que juntos son el Apocalipsis mismo (al menos para mi maltratado cuerpecito y para la casa que visiten), así que no se ofendan, pero este fin las visitas están prohibidas y me quedo en el infierno, sin vodka y sólo con un buen libro...

Saludos.